lo que lees eres tu

La lectura y la escritura ha sido para mi una actividad terapéutica desde que soy niña. A los 10 años abrieron en el pueblo donde veraneaba, Parets del Vallès, una biblioteca infantil juvenil. Allí encontré un hogar, una dimensión que se abría para mi acompañada de una bibliotecaria mágica Mercè Escardó. Sólo podía acudir en verano. Aunque iba cada día. Leía tantísimo. Era feliz. Era mi forma de viajar, soñar, crear los mundos que me gustaría vivir. 

Cada vez que eliges un libro, o él te elige, se abre una parte de ti. Tu bibliografía es tu biografía. Y puedes recibir una información muy rica viendo qué leíste. Ahora mientras escribo recuerdo que Mercè un día me propuso hacer este ejercicio: 

– Aquí tienes recogido tu recorrido de lectura de infancia. Tu historia de niña.

Prometo hacerlo. Seguro que hay sorpresas, recuerdos a través de las páginas.

Hoy deseo compartir contigo algunos de mis libros. Aquellos que fueron leídos en momentos especiales, o que me apasionaron. Te invito a que hagas tu lista. Que te veas, que te leas. 

BIBLIOGRAFÍA DE MI VIDA

Jim botón y Lucas el maquinista, de Michael Ende. Era Sant Jordi. Una fiesta especial en Cataluña, donde libros y rosas son protagonistas. Tenía 10 años. Me atrajo como un imán. Lo encontré en la papelería donde compraba dulces. Me costó pedir a mi madre que lo quería. Fue un gran regalo. Pura fantasía.

– Volver al amor, de Marianne Williamson. Me había separado de mi primer marido. Eran momentos duros. Este libro me ayudó a regresar a mi, a amarme un poquito más. Las palabras me reconfortaron.

Sostiene Pereira, de Alessandro Baricco. Un libro entrañable que llenó mi corazón en un momento de mucha soledad. Recuerdo los encuentros en casa de Carmen, una mujer que vivía de acompañar a las personas a escribir. Mi salvación en esos momentos. Muy agradecida de esa etapa.

Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Cuando empecé a salir con mi actual marido, estaba leyendo a Gabo. No podía parar. Mi pareja también es un gran amante de la literatura. Lo que más me impresionó al conocerlo fue sus  más de 1000 libros en el comedor. Fue una señal. Nos encontramos trabajando en una biblioteca.

Océano de Alessandro Baricco, este fue una recomendación de él. Un préstamo que me hizo. Lo disfruté porque era tan onírico. En aquel  momento había perdido un pendiente de mi abuela, recién muerta, y estaba dolida. Recuerdo como al abrirlo para leer, apareció dentro, entre las páginas. Y eso me alegró mucho el día.

El reencuentro, de Fred Uhlman. Estuvimos más de 6 años compartiendo un club de lectura con unos amigos. Cenamos, viajamos, nos casamos, tuvimos hijos. Guardo un gran recuerdo y muchos libros. Este para mi, fue el mejor de todos. Lo leí en  una tarde. Fue como comer un manjar. 

La maternidad y el encuentro de la propia sombra, de Laura Gutman. Éste llego durante mi depresión postparto de mi primera hija. Fue encontrar la luz. Saber qué me estaba pasando. Gracias a este libro, empecé a salir de la tristeza y disfrutar la maternidad. Qué crianzas tan intensas. Mi revolución personal empezó aquí. 

Montedidio de Erri de Luca. Simplemente exquisito. Me atrapó. Me hizo ser parte. De los pocos que leí dos veces. Lo encontré en una librería. Llamándome por la espalda. Era algo que hacíamos Llorenç y yo. Perdernos entre los pasillos y de cuando en cuando nos buscábamos y nos mostrábamos qué tesoros habíamos encontrado. ¡Qué tardes! Con ganas de reemprender esta gran costumbre.

Aquí nos vemos, de John Berger. Ya de adulta las bibliotecas especiales me siguieron persiguiendo. Fue en Tossa. Veraneando ya con mi familia. Os recomiendo ese lugar. Sencillo. Muy amantes de la buena literatura. Al entrar, a la derecha hay una mesa con las recomendaciones. Aciertas seguro. La elección está garantizada. Podeis leer todas las obras de este autor. Un gran escritor.

El orden natural de las cosas, de Lobo Antunes. Llorenç me suele regalar libros. Historias. Este fue un descubrimiento que me hizo llegar. Me enamoré de Lobo. De su escritura. No podía parar de leerle. Es muy especial. No hay dos como él. Profundo. Una vez le escuché: “escribo hasta que se me cansa la mano, a partir de ese momento es cuando empieza a expresar mi alma”.

Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pinkola Estes. Y empezó mi revolución femenina. Tantos años perdida, sin habitarme. Este libro de cuentos me fue despertando. Y lo voy retomando. Siempre regreso. Fue una puerta a la mujer salvaje. Aullemos juntas.

El cuarteto de Alexandría, de Lawrence Durrell. Era verano. Viajaba mucho tiempo en tren. Pues trabajaba y tenía que ir y venir de Tossa a Barcelona para estar con mis hijas. Me alegró todos esos km. Son cuatro libros. Me recuerda el calor, y el enamorarse.

Una luz diminuta surgió de la nada, de Einar Turkowski. Un álbum ilustrado que compré en una librería al lado de mi casa. En esa temporada publiqué el cuento Shen y la tienda de besos con la editorial Yekibud Yekinabud. Con mis hijas llegó el retomar los cuentos. Dar de comer a mi niña interior. Y ya no lo he dejado. 

El despertar de la princesa, de Alan B. Chinen. Guardo un gran cariño a este libro. Fue la guinda del pastel que me dio la fuerza para dejar mi trabajo de funcionaria y empezar una nueva y vida y profesión. El último cuento es imperdible.

Las nieblas de Avalon, de Marion Zimmer Bradley. Este sí que sí puedo afirmar que me llamó. En la biblioteca de Sant Cugat. Como si una voz me guiara hasta la estantería. Qué mundos me abrió. He viajado físicamente a ese lugar 4 veces. Glastonbury es mi segunda casa. Un lugar del corazón que no puedes perderte.

El último unicornio, de Peter S. Beagle. Lo leí al regresar de uno de mis viajes a Avalon. Hambrienta de magia. Este libro me dio lo que buscaba y me hizo vivir la pureza de estos seres. También llegó por casualidad.

El manuscrito de O, de Lars Muhl. Fue un regalo de una amiga que trabajaba en  una editorial. Otro despertar espiritual femenino. Un viaje al sur de la Francia cátara. Por si estás en un momento de mente abierta.

El libro del Amor, de Kathleen McGowan. Una novela que he recomendado tantísimo. Me hizo vibrar en un pasaje de mis días donde profundizaba sobre sexualidad sagrada. 

La tienda roja, de Anita Diamant. Simplemente apasionante. El final me emocionó profundamente. Una historia para mujeres. Encontrado en la biblioteca de Ripollet. Me nutrió en la etapa donde me regeneraba de mi fibromialgia. No quería que terminara. 

La puerta de los pájaros, de Gustavo Martín Garzo. Otro encuentro en una librería infantil, Anita. Qué autor tan poético. Otra vez los unicornios visitándome. 

 

Podría seguir interminablemente. Te recomiendo mucho este ejercicio. Para mi ha sido revivir muchos momentos. Recordarme. Es más profundo de lo que parece. Te sugiero ponerle aroma. Para potenciarlo. Los olores despiertan nuestro sistema límbico. Liberan emociones. Detrás de cada libro hay un recuerdo. Podría ser un buen compañero mandarina, geranio, bergamota, naranja. Para que te acompañe el equilibrio y la alegría mientras desarrollas este ejercicio. Que disfrutes siempre de leer, ahora mismo es la única forma de viajar.